Al que no dejaron volar...


Yo no puedo ser tan fuerte…


Ojalá que la gente supiera lo que los demás sufren cuando los tratan mal, desearía que los que se creen mejores que otros supieran lo que esos otros sienten. Conforme avanzamos en la vida nos vamos acostumbrando a sufrir, a recibir golpes de todos lados, a llorar en silencio, a gritar por dentro, a recibir puñaladas que nos sangraran para siempre…


Envidio a esa gente que no tiene problemas de ningún tipo y se levantan por las mañanas sabiendo que son perfectos, son esa misma gente que cuando ven a alguien más débil que ellos mismos lo machacan hasta la extenuación. Son aquellas personas que se meten con un chico de 17 años simplemente porque es diferente a ellos. Solo lo hacen porque se aprovechan de esa luz interior que la otra persona tiene, su vida es tan triste y oscura que quieren convertir a una buena persona en alguien que se odié a si mismo por ser como es. Me pregunto yo que daño hace ese chico que simplemente quiere ser feliz pasando el recreo con su almuerzo y sus cascos en las orejas sin molestar a nadie, pero solo recibe insultos, vejaciones y risas a sus espaldas. Al final acaban con él, consiguen derrotarle y lo convierten en alguien totalmente vulnerable, alguien sin esperanzas y que solamente quiere desaparecer, huir a otro lado donde sí se sienta querido, donde no lo insulten por su forma de ser o de vestir, que simplemente pueda ser el mismo sin que nadie se ría de él por ello. Pero no puede hacerlo, ya es demasiado tarde para él, solo puede tragar y desear llegar a su casa. Para romper a llorar deseando dar marcha atrás en el tiempo y darse una oportunidad de ser feliz, al menos hasta que el sol vuelva a salir y al encontrarse con ellos todo vuelva a empezar…


Hay que ver como de caprichosa es la vida, como un simple acto puede cambiar una forma de ser, como un comentario de algún profesor puede cambiar tu forma de verte a ti mismo, al final resulta que el malo eres tú por querer sobrevivir a algo que no controlas. Al final aprendes a callarte las cosas, a evitar decir en casa que te insultan en clase, que un buen día decidiste cerrarte al resto del mundo para evitar que se metieran contigo. Acabas callándote el mal que desearías hacerles a todos los que no te defienden, porque lo peor no es que unos niños se metan contigo, lo peor de todo es que los profesores no te defienden y solamente te aíslan del resto haciendo que quedes tú como el malo de la película, cuando simplemente eres un daño colateral del sistema que defiende a la gente que acosa en vez de proteger al más débil…


Acabas metiéndote en la cabeza que es normal que se metan contigo, que eres tú el culpable de todo y lo vas dejando pasar, dejas pasar a ese profesor que te dice que si fuera por él no estarías en su clase, dejas pasar a ese profesor que con 11 años te castiga obligándote a quedarte después de clase simplemente porque sabe que después tienes lo único que te alegra la vida. Y pasa el tiempo y tú no entiendes porque los demás pueden reírse de ti e insultarte, pero tú no puedes defenderte, porque al que castigan es a ti en vez de a ellos, en lugar de erradicar la acción deciden acabar contigo que eres la reacción a una marabunta de acontecimientos. Simplemente eres ese chico al que no dejaron ser feliz, al que le cortaron las alas y al que no dejaron volar...

Una vida sin amor, no es una vida en absoluto


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