Por amor siempre se hacen grandes locuras
Si cierro los ojos todavía puedo estar en aquella noche estrellada, si me concentro puedo volver a sentir sus labios contra los míos, puedo oler su perfume y oír su risa. Lo malo viene cuando los vuelvo a abrir y estoy yo solo, temblando en un rincón sin saber qué hacer, cabreado conmigo mismo por haberme dejado llevar, por haberme permitido ser feliz por una mísera vez en mi vida. Y sin embargo la amé, aunque fuera por minúsculos momentos dentro de mí deseaba que ella hubiera aparecido antes cuando yo no estaba encadenado a una vida que yo mismo había decidido emprender, una vida que yo mismo decidí tomar porque era lo mejor para volver a ser yo mismo. Volver a una época pasada, donde no habían traumas que me perseguirán por siempre. Hubo una época donde aún los insultos y las risas maliciosas no inundaban todos mis recuerdos, donde era ese chico tímido que vivía atado a su propio corazón, el mismo que le provocaría la mayor parte de los problemas de su vida…
La mayoría de mis recuerdos están bajo un mar de sentimientos agridulces y traumas que me perseguirán por siempre, pero si cierro los ojos puedo volver a esos momentos donde conseguíamos que lo demás no importara, donde lo único que existíamos era ella y yo, ese era nuestro refugio, donde nuestras palabras mandaban y los problemas se quedaban fuera de nuestras vidas. Era como si fuéramos el protector del otro, como si viviéramos bajo un mismo techo y lo de alrededor estuviera derrumbado por una lluvia incesante de problemas y sin embargo seguíamos mirándonos a los ojos y sin hablar poder susurrarnos uno al otro:
“Protégeme de la lluvia”