Solamente yo mismo...


Siempre me he tenido, y siempre he podido con todo…


Conforme voy haciéndome mayor me voy dando cuenta de que según han ido pasando los años me he ido recluyendo más en mi interior. Sin quererlo pase de ser el niño rebelde que escondía libros en el alféizar de la ventana porque le castigaban sin leer a ser el chico tímido que no supo evitar que le insultaran y se mofaran de él durante mucho tiempo, y a partir de ese momento todo fue hacia abajo, fui escondiendo mi forma de ser, intenté ocultarme al resto del mundo porque no quería que me hicieran más daño. Es muy sencillo cambiar tu actitud o cambiar tu forma de ser porque no le caigas bien a la gente, lo complicado es mantenerte siempre fiel a ti mismo y que el único juez que pueda decirte como hacer las cosas seas tú mismo. He tenido que perder a mi pareja para darme cuenta de que lo peor que pude hacer es fingir que no tenía demonios internos que me atosigaban diariamente y que solo necesitaba que algo llenara el vaso del todo para caer de verdad al más profundo de los infiernos. Por suerte ahora vuelvo a estar vacío, todos estos meses puedo decir que han valido para darme cuenta de que el culpable nunca fui yo, solo fui una víctima que de tanto recluirse en sí mismo acabo por no saber cómo salir de esa cárcel que el mismo se construyó.


Todavía si cierro los ojos oigo las risas y las bromas a mi alrededor, como se mofaban de mi por llevar gomina en el pelo, como me insultaban diciéndome que olía mal, o simplemente me decían maricón por tener un amigo en clase, el problema no lo tenían ellos, el problema fue mío porque conforme fui creciendo se me metió en la cabeza que no tenía que defenderme, que ya no valía la pena. Estaba cansado de que cuando era pequeño cada vez que buscaba ayuda no la encontraba, es curioso como algunos profesores que supuestamente tienen que defender al alumno más débil en esos casos directamente lo dejan pasar, “Son cosas de críos”. Cuando era yo el que me portaba mal no eran cosas de críos claro, me echaban la bronca, llamaban a mis padres o me castigaban, a veces hasta las tres a la vez, al final aprendí que lo mejor era cerrar los ojos, agachar la cabeza y dejar que la tormenta pasara.


He tenido mucho mala suerte, los que se suponía que tenían que defenderme no lo hacían, los que supuestamente eran mis amigos porque llevábamos juntos desde pequeños eran los que aprovecharon esa situación y me dejaron a un lado, al final se me metió en la cabeza que si en mi mundo estaba yo solo nadie me haría daño, si era yo el que se divertía sin nadie más evitaba que alguien pudiera poder entrar en mi vida para jodérmela, poco a poco eso fue evolucionando conforme fueron pasando los años y acabe recluyéndome, prefería leer un libro antes que salir de fiesta, porque en los libros no podía entrar nada que yo no quisiera que estuviera, al final descubres que si estas tu solo, solo tu podrás hacerte daño y eso es algo que ni jamás en la vida podre hacer.


Y me hice mayor, y pasé a ser el chico que siempre iba con cascos por el instituto, el que llegaba tarde a clase porque se quedaba hablando con alguna chica. Llego un buen día donde aprendí que nada ni nadie me volvería a insultar, nunca más se reirían de mí y ni por asomo dejaría que alguien pudiera verme llorar. Pero me equivoque, en ese momento tuve que volver a abrirme y confiar en la gente, pero no lo hice, simplemente no me di cuenta de que la cárcel que yo mismo me había construido para que nadie me hiriera ya no me servía, sin embargo, allí me quede. Empecé a tener que depender de terceros para ir a cualquier sitio, me daba vergüenza hablar con la gente fuera de mi radio de confort. Por suerte alguien me ha hecho abrir los ojos, alguien que ya no tengo a mi lado y que seguramente sea la persona que más ha confiado en mí, puedes estar contenta, lo he conseguido, ya nada puede tumbarme, solamente yo mismo…

No importa lo duro que el mundo empuja contra mí; en mi interior hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta...





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